El Hospital Luis Calvo Mackenna (HLCM) fue fundado en 1942, pero su gestación es de varios años antes en que, los Drs. Luis Calvo Mackenna y Aníbal Ariztía, a partir de su sólida acción en la antigua Casa Nacional del Niño, consiguen el apoyo necesario para la construcción del Hospital.

La Casa Nacional del Niño (antigua Casa de Huérfanos de Santiago) particularmente el Pabellón de Lactantes, sería el origen del Establecimiento. Según se relata en Historia de la pediatría chilena: Crónica de una alegría, “Su personal médico (del Hospital) y gran parte del paramédico venían, al menos desde 1926, de la antigua Casa de Huérfano. Cuando el servicio se trasladó, en 1942, la dirección pasó a manos laicas y en homenaje a Calvo Mackenna, se dio su nombre al establecimiento”.

En el HLCM se han atendido millones de niños tanto de Chile como del exterior y en estos años de existencia se ha ido construyendo una rica historia marcada por una convivencia muy fructífera de los niños, sus padres y el equipo médico. Cada uno de los estamentos del Hospital tienen su propia y vibrante historia, que da sentido y trascendencia a la función que realiza desde hace siete décadas.

En los primeros años de funcionamiento se fue constituyendo un equipo humano encabezado por grandes figuras de la pediatría y cirugía infantil nacional, los que vieron la necesidad de concretar esta labor y desde entonces se ha desarrollado una sólida alianza docente asistencial.

El Prof. Dr. Aníbal Ariztía A. fue el primer jefe de servicio y profesor de la cátedra extraordinaria de pediatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, destacando siempre su iniciativa organizadora junto a una enorme energía docente.

Sus valores le permitieron orientar la asistencia y la enseñanza de la Pediatría sobre la base de una profunda solidaridad con el niño y el desarrollo de sólidos conocimientos y competencias clínicas de sus discípulos y colaboradores. Entre los que destacaban los Drs. Mariano Latorre, Raúl Matte, Roberto Galecio, Julio Schwarzenberg, Fernando Martínez, Eugenio Amenábar, Patricio Olivos, Sergio Ibáñez, Gustavo Ross, Eugenio Valle, Ernesto Figueroa, Ramón Montero y otros. Variadas disciplinas estuvieron desde el comienzo, y en años posteriores, muy bien representadas por figuras como los Drs. César Izzo, primer jefe del Servicio de Cirugía; Carlos Urrutia; Helmuth Jaeger; Alfredo del Río; Rubén Acuña; Antonio Morey y Guillermo Escudero. 

De todo este enorme esfuerzo mancomunado fue surgiendo nítidamente el carácter humanista y clínico de la atención del niño enfermo. La cátedra y el Servicio de Pediatría desarrollaban una acción conjunta muy relevante en un hospital que se iniciaba. Esta acción estaba regida por sólidos principios que fueron claves en la formación de una escuela pediátrica disciplinada, rigurosa, seria, respetuosa y justa. Estas cualidades le fueron otorgando al Hospital Luis Calvo Mackenna un sólido prestigio académico y asistencial que ha significado una definida atracción para los que desean formarse como pediatras y cirujanos infantiles.

En los años 50 se incorporan jóvenes médicos que más tarde serán destacados actores del desarrollo de la pediatría chilena; entre ellos los Drs. Humberto del Pozo, Manuel Aspillaga, Sergio Jarpa, Jorge Howard, Javier Cox, Federico Puga, José Zacarías, entre otros.

El Servicio y la cátedra del profesor Ariztía siempre estuvieron atentos a los importantes cambios que se estaban gestando en la atención de salud de los chilenos, en particular en lo referente a los niños y, con un claro sentido progresista, iniciaba el desarrollo de las sub especialidades pediátricas y sopesaba la importancia de problemas que afectaban peligrosamente a los niños, como por ejemplo las cardiopatías congénitas. El Servicio y la Cátedra de Pediatría apoyaron decididamente la formación de nuevas instancias como el Centro Cardiovascular que dirigió el Dr. Helmut Jaeger; la creación del Centro de Prematuros que constituyó una verdadera revolución en el cuidado del recién nacido prematuro entregando una atención de la más alta calidad y señalando un camino preciso para la posterior realización de los planes nacionales de atención neonatal que cambiaron definitivamente los indicadores vitales y de calidad de este importante grupo etario.

Luego del Profesor Ariztía quien estuvo a cargo del Servicio de Pediatría y la Cátedra por más de 20 años, le sucedió el profesor Jorge Howard, quien se distinguió por una sólida voluntad para continuar con los avances que los tiempos requerían. Es así que, con gran visión, estimuló a sus más destacados ayudantes a continuar con el desarrollo de las especialidades, perfeccionar el proceso de educación continua, mantener un alto compromiso con las labores asistenciales y docentes de los médicos, fomentar la investigación clínica y sostener los valores fundacionales del Servicio y la Cátedra. 

Los últimos años del profesor Howard, coincidieron con los de la reforma universitaria y con los importantes cambios políticos y sociales de fines de los años 60 y comienzos de los años 70. 

La mirada se centró en los cambios que estaban ocurriendo y cómo ellos iban a afectar la atención pediátrica en el futuro. Se emprende el desarrollo del cuidado intensivo pediátrico a cargo del Dr. Patricio Olivos, de la atención sistematizada de los pacientes oncológicos con el Dr. Humberto del Pozo y de todas las especialidades pediátricas formando equipos capaces de responder a las exigencias académicas y asistenciales. En esta época surgen potentes iniciativas, al interior del Hospital, en el campo de las distintas especialidades como nefrología, gastroenterología, infectología, neumotisiología, genética, endocrinología, hematología y otras. 

Posteriormente sucede al Dr. Howard en la jefatura del Servicio de Pediatría el Dr. José Zacarías, quien además de un sólido conocimiento de la Pediatría, se destaca por promover a la gente joven a posiciones de importancia en unidades clínicas y de especialidades. 

El desarrollo técnico de la pediatría, desde los años 70 hasta ahora, ha permitido extender las atenciones de salud pediátrica e incorporar importantes adelantos. Cada año que pasa, el Hospital Luis Calvo Mackenna ha ido viviendo, con creciente intensidad, el cambio epidemiológico que el país ha ido experimentando y se ha tratado de adecuar permanentemente a los planes asistenciales y académicos, en relación con una cada vez más exigente atención de salud infantil. Sin duda que esto ha planteado un gran desafío que lo han recogido importantes sectores médicos del HLCM y en particular el profesor Federico Puga, quien impregnado con valores humanos notables y aquellos de la más profunda raíz universitaria, logró gracias a sus esfuerzos con la comunidad, obtener los recursos para una imprescindible transformación del hospital para poder estar a la altura de los requerimientos que los niños necesitaban. Creó la Corporación de Amigos del Hospital Luis Calvo Mackenna (AMICAM) que surgió en los difíciles años 80 como una definida institución solidaria con el Hospital, aportándole importantes recursos financieros, tecnológicos y de desarrollo.

Desde 1990 en adelante el HLCM ha impulsado importantes iniciativas de atención infantil y de adolescencia, ha participado en numerosas comisiones ministeriales contemporáneas, en la renovación de conceptos de gestión hospitalaria y en general ha participado activamente en los principales temas de salud infantil, desarrollando programas únicos, como el transplante de médula ósea. 

Es muy importante señalar que las relaciones del Hospital con instituciones nacionales y del exterior han sido muy sólidas y fructíferas, destacando en los últimos años la relación con el St.Jude Children`s Research Hospital de Memphis Tennessee, EE.UU., que ha permitido concretar el programa de Transplante de médula ósea junto a los esfuerzos del Programa Infantil de Drogas Antineoplásicas (PINDA), el propio Hospital y la Universidad de Chile.

El HLCM tiene una rica historia basada en los más altos valores de nuestro país y de quienes han sido sus miembros durante más de sesenta años. La convivencia académica y asistencial en este ambiente de notable raigambre humanista, ha entregado siempre una inmejorable muestra de talentos y voluntad de servir al país y enfrentar siempre, aún con armas aparentemente débiles, el desafío de las grandes empresas humanas.